
Ps Pablo Elvir
Honduras Campus Pastor
DEJARLO EN EL ALTAR
Mateo 15:22 RV60
“Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija está gravemente atormentada por un demonio.”
Esta mujer llegó delante de Jesús con una necesidad.
Su hija estaba sufriendo.
Pero algo que destaca de esta historia es que ella no llegó buscando una opción más.
Ella llegó porque creía que Jesús era la respuesta.
Ella no vino pensando:
“Voy a intentar y si no funciona, regreso a casa.”
Ella vino lista para dejar su carga en las manos de Jesús.
Y creo que esta historia nos enseña algo importante:
Hay cosas que debemos dejarle a Dios.
Hay cosas que debemos dejar en el altar.
Porque muchas veces venimos a la presencia de Dios, adoramos, oramos y creemos, pero seguimos cargando cosas que Jesús nos está invitando a entregar.
Esta mujer nos muestra tres cosas que marcaron su respuesta:
Un espíritu diferente.
Fe.
Desesperación.
APLICACIÓN PERSONAL
- ¿Qué carga he estado intentando manejar solo?
- ¿Estoy enfrentando mis circunstancias desde el temor o desde la confianza en Dios?
- ¿Qué necesito dejar hoy en el altar?
DISCUSIÓN DE GRUPOS
- ¿Qué parte de la historia de la mujer cananea llamó más tu atención?
- ¿Qué significa para ti tener un espíritu diferente en medio de las dificultades?
- ¿Qué cosas hacen que a veces nos cueste entregar nuestras cargas a Dios?
- ¿Qué área de tu vida necesitas poner nuevamente en las manos de Jesús?
1. TENÍA UN ESPÍRITU DIFERENTE
Los discípulos querían que ella se fuera.
Pero ella siguió buscando a Jesús.
Incluso cuando la respuesta no llegó como esperaba.
Incluso cuando enfrentó oposición.
Ella tuvo un espíritu diferente.
La Biblia nos enseña que hay una manera diferente de enfrentar la vida cuando pertenecemos a Dios.
Mateo 11:12 RV60
“El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.”
Esto no habla de violencia física.
Habla de una fe que no se rinde.
Una fe que busca a Dios con determinación.
Como creyentes sabemos que existe una batalla espiritual.
Hay una realidad del bien y del mal.
Pero nuestra posición no es vivir como víctimas del enemigo.
Nuestra identidad está en Cristo.
Dios nos ha dado un espíritu diferente.
Un espíritu que viene de Él.
Una fuente de fuerza.
Una fuente de ánimo.
Una fuente de esperanza.
La pregunta es:
¿De dónde estás tomando fuerzas para enfrentar lo que estás viviendo?
2. TENÍA FE
Esta mujer entendió algo:
La autoridad de Jesús era más grande que cualquier límite.
Ella escuchó palabras difíciles.
Pero no permitió que una dificultad fuera más grande que su confianza en Jesús.
Al final Jesús le dijo:
Jesús reconoció su fe.
Porque la fe no significa que no existen problemas.
La fe significa que sabemos quién es más grande que nuestros problemas.
Todos enfrentamos momentos donde tenemos que decidir:
¿Voy a confiar en lo que veo?
¿O voy a confiar en quién es Jesús?
La fe nos mueve a acercarnos a Dios aun cuando las circunstancias parecen decir lo contrario.
3. TENÍA DESESPERACIÓN
Esta mujer tenía algo claro:
No era una opción regresar igual.
Ella necesitaba un encuentro con Jesús.
Su desesperación la llevó a dejar todo en el altar.
Muchas veces nosotros hacemos lo contrario.
Pensamos:
“Todavía puedo cargarlo un poco más.”
“Todavía puedo manejarlo.”
“Todavía no es tan grave.”
Pero Jesús nunca nos pidió cargar solos.
Jesús no solamente nos invita a adorarlo.
También nos invita a entregarle nuestras cargas.
Hay una diferencia entre venir a la iglesia y entregar nuestro corazón.
Podemos cantar.
Podemos levantar nuestras manos.
Podemos estar presentes.
Pero Dios también quiere que recibamos.
Quiere traer descanso.
Quiere renovar fuerzas.
Conclusión
Esta mujer llegó con una carga.
Pero salió con un milagro.
Porque decidió dejarlo en las manos correctas.
Hoy la pregunta no es solamente:
¿Qué necesitas de Dios?
La pregunta es:
¿Qué necesitas entregarle a Dios?
¿Qué trajiste hoy que ya no necesitas llevarte?
Una preocupación.
Una ansiedad.
Un dolor.
Una presión.
Un temor.
Tal vez hoy es el momento de dejarlo en el altar.
Porque el mismo Jesús que respondió a esta mujer sigue siendo el mismo Jesús que recibe nuestras cargas, fortalece nuestra fe y nos da un espíritu diferente.