
Ps Pablo Elvir
Honduras Campus Pastor
El diseño de Dios para su iglesia
La primera semana de esta serie hablamos del diseño de Dios para su iglesia.
La imagen que usamos fue clara: el océano.
El océano nos muestra cómo debe funcionar la iglesia.
Hay profundidad, pero siempre hay playa.
Hay espacio para quienes quieren avanzar rápido y para quienes necesitan ir despacio.
Hay lugar para crecer, descansar, explorar y sanar.
Ese es el diseño de Dios, porque la iglesia no es para unos pocos.
La iglesia es para todos.
2 Pedro 3:9 (RVR60)
“El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”
Ese es el corazón de Dios.
Y ese es el lugar donde la iglesia debe permanecer.
APLICACIÓN PERSONAL
Reflexiona con honestidad:
¿Desde dónde estás viviendo tu fe hoy: desde el océano o desde la pecera?
¿Sigues teniendo espacio para los que aún no están?
¿Estás fluyendo hacia otros o te has quedado contenido?
Dios no te llama a controlar.
Te llama a amar.
No te llama a cerrar.
Te llama a abrir espacio.
La iglesia que Dios sueña sigue teniendo playa.
DISCUSIÓN DE GRUPOS
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¿Qué te comunica la imagen del océano sobre cómo debe ser la iglesia?
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¿De qué maneras una iglesia puede volverse “pecera” sin notarlo?
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¿Por qué es tan importante cuidar la entrada y la experiencia de los nuevos?
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¿Qué significa para ti fluir como un río hacia otros?
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¿Cómo puede CityHope seguir siendo un lugar donde todos puedan pertenecer?
1. La iglesia existe con un propósito mayor
Dios nos hace parte de su iglesia no solo por nosotros, sino por otros.
Primero recibimos.
Luego compartimos.
Efesios 3:10 (RVR60)
“Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia…”
La iglesia no es un fin en sí misma.
Es un medio por el cual Dios alcanza a otros.
Pero hay algo que puede pasar lentamente.
No se anuncia.
No se nota el primer día.
Seguimos amando a Dios.
Seguimos amando a las personas.
Pero poco a poco podemos dejar de pensar en los que aún no están.
Sin darnos cuenta:
la entrada deja de ser clara
el lenguaje se vuelve interno
la cultura se vuelve cerrada
Y lo que nació como océano… termina siendo pecera.
2. La iglesia no es una pecera
Una pecera puede parecer algo bueno:
es limpia
es ordenada
es controlada
tiene peces “bonitos”
Pero todo está contenido.
Todo está limitado.
Todo está encerrado.
Dios nunca diseñó su iglesia como un lugar para especímenes especiales.
La diseñó como un lugar para todos.
Efesios 2:19 (RVR60)
“Ya no sois extranjeros ni advenedizos… sino miembros de la familia de Dios.”
La iglesia no puede perder su playa.
Porque ahí es donde llegan los nuevos.
Ahí es donde llegan los que no saben nadar.
Ahí es donde empieza la fe.
3. Jesús siempre recibió a los nuevos
Jesús nunca protegió un grupo cerrado.
Protegió oportunidades.
Los niños interrumpieron. Jesús los recibió.
La multitud apretaba. Jesús no la alejó.
Un hombre bajado por el techo interrumpió todo. Jesús lo sanó.
En cada caso, Jesús no defendió la comodidad del grupo.
Defendió la oportunidad del que llegaba.
Los milagros casi siempre vinieron de afuera.
De alguien que llegó.
De alguien que interrumpió.
De alguien que no estaba invitado.
Jesús nunca confundió orden con misión.
Conclusión
Hay una conexión clave en esta imagen.
Los ríos llegan al mar, pero vienen de afuera.
Y nosotros somos esos ríos.
Juan 7:37–38 (RVR60)
“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba… de su interior correrán ríos de agua viva.”
Todo el que ha probado de Jesús está llamado a fluir.
No a estancarse.
No a encerrarse.
Muchos de los milagros de Jesús ocurrieron fuera del círculo religioso:
el leproso
el paralítico
la mujer con flujo de sangre
el ciego Bartimeo
el extranjero
el marginado
Si estás creciendo en tu fe, tu llamado es fluir hacia otros.
Servir.
Cuidar.
Acompañar.
Y si todavía no estás ahí, para eso existe la playa.
Para que puedas llegar, respirar y avanzar a tu ritmo.